Desde la perspectiva que se toma en esta investigación, hace ya tiempo que asistimos a un cruce de caminos entre el arte y la ciencia, motivado por las nuevas tecnologías. A pesar de la habitual creencia de que estas áreas del conocimiento constituyen dos aspectos de la cultura humana con marcadas diferencias, esta relación cada vez es más estrecha. No obstante, esta unión no es novedad. Así pues, antes de introducirnos en la temática, explicaremos brevemente algunos de los motivos por los que esta relación entre arte, ciencia y tecnología habría ido fluctuando a lo largo de la historia del arte.

Desde un punto de vista histórico, en las sociedades de la Antigüedad Clásica, no había ninguna separación entre artistas y científicos, y existía un solo vocablo para expresar los conceptos de tecnología, ciencia o arte. Durante esta época, los diversos dominios de la creatividad humana, mantuvieron este vínculo estrecho por siglos, siendo el Renacimiento uno de sus momentos más fructíferos. En estos años, destacamos el trabajo del genio Leonardo da Vinci, un ejemplo paradigmático del cruce entre lo artístico, lo científico y lo tecnológico; particularmente, la incidencia que sus investigaciones en el campo de la óptica tuvieron para el desarrollo de la perspectiva, y los cambios que ella supuso en el sistema de representación de la pintura. En cualquier caso, la separación entre artistas y científicos tuvo su inicio con Newton y su modelo mecanicista del universo. De hecho, se consolidó con las consecuencias de su método durante la Revolución Industrial. A partir de entonces, la tecnología y la ciencia se ponen al servicio del desarrollo comercial e industrial, alejándose del ámbito de lo estético.

En opinión de John Brockman, sólo con el tiempo esta antigua división tenderá a verse superada por lo que se ha definido como “tercera cultura”, o más recientemente el humanismo. Para Xavier Berenguer:

En el siglo XIX, las máquinas sustituyeron al hombre, ahorrándole esfuerzo pero, a la vez, restándole identidad. La ciencia, cada vez más poderosa, empezó entonces a enseñar los dientes de la destrucción y de la anti-humanidad. Los artistas, como reacción, se refugiaron en sí mismos. La incompatibilidad entre hombre y máquina… y el concepto que “el científico y la subjetividad son absolutamente incompatibles”, presidiría las relaciones entre las comunidades científica y artística durante el siglo XIX y buena parte del XX.

En la segunda mitad del siglo XX, tras muchos años de debates sobre esta separación, nos encontraremos en un momento histórico en el que la capacidad de colaboración con otras disciplinas nos ofrecerá nuevos caminos de conocimiento. Básicamente, en esta época la industria de la electrónica se formalizará como un marco de referencia. Bajo este marco, una nueva generación de personas provenientes de diferentes disciplinas comenzarán a explorar nuevas formas para satisfacer principalmente las demandas sociales. De hecho, tal y como Lev Manovich nos había avanzado, cada vez será más frecuente la colaboración entre informáticos y artistas, mejorándose el desarrollo de vías de relación e intercambio con otros campos de conocimiento, y demostrándose cómo estas conexiones pueden llegar a ser un terreno fértil a favor del trabajo de los artistas.

Podemos decir, que esta situación supondrá un nuevo acercamiento entre el arte, la ciencia y la tecnología. Especialmente, porque mucho de este arte estará fuertemente influenciado por la aplicación de los medios tecnológicos y los progresos de la ciencia. En poco tiempo, nos toparemos frente a un nuevo perfil de artista, que requiere del dominio de ciertos dispositivos tecnológicos o, en su defecto, del trabajo en equipos interdisciplinarios con profesionales provenientes de ésas áreas. Esta búsqueda coincidente de científicos y artistas para dar solución tecnológica a idénticos problemas, el teórico Thomas Hughes lo ha denominado “impulso o momento tecnológico”.

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Al respecto, el físico Roger Malina defenderán lo importante que es entablar metodologías de trabajo para colaborar entre arte, ciencia y tecnología, considerándolas no como disciplinas independientes, sino como disciplinas conectadas y que comparten los mismos medios. Como apuntan  Gibbons y otros autores:

El nuevo modo de producción de conocimiento afecta no solo a qué conocimiento se produce, sino también a cómo se produce, el contexto en el que se persigue, la forma en que se organiza, el sistema de recompensas que utiliza y los mecanismos que controlan la calidad de aquello que se produce.

Desde esta nueva perspectiva, teóricos como Xavier Berenguer, explicarán cómo esta relación habría favorecido un desdibujamiento progresivo de la supuesta fractura epistemológica que tradicionalmente disociaba la cultura científica de la humanística. Por su parte, Edward Shanker explican como este arte no sólo ofrece nuevas posibilidades artísticas expandidas sino también valiosas ideas sobre las aplicaciones estéticas e implicaciones sociales de la ciencia y la tecnología.

En cualquier caso, cada vez será frecuente que este arte tenga sus orígenes o se haya desarrollado en laboratorios o centros de investigación tanto científicos, como tecnológicos y artísticos. Surgirán términos como el bioarte. Este neologismo que entendemos como la convergencia de las relaciones entre el arte, la biología y la tecnología, representará un caso de estudio emblemático para debatir el sentido de la interdisciplinariedad en el ámbito artístico. Particularmente, en este terreno destacaremos el trabajo de creadores como Stelarc, Eduardo Kac o Roy Ascott, que son pioneros experimentando con dispositivos teleinformáticos en performances e instalaciones artísticas. Para el artista Eduardo Kac:

Si los artistas que trabajan o se interesan por la robótica no pueden ignorar la mitología, literatura o las definiciones industriales de los robots también es verdad que esas definiciones no se aplican directamente a cualquier pieza de arte robótico Mientras los artistas sigan empujando los límites del arte introducen la robótica como nuevo medio al mismo tiempo que desafían nuestra concepción de los robots –cuestionando así nuestras ideas sobre diseñar, construir y emplear esas criaturas electrónicas.

En este contexto,  es importante  señalar cómo en la década de los  80,   también se comenzará a retomar la problemática de la relación entre mente y cuerpo. Tal y como explicaremos  más adelante el advenimiento de la ciencia ficción, y más aún del movimiento literario ciberpunk, delatarán las inquietudes que suscitaban en el ser humano las consecuencias de la revolución tecnológica. Durante este periodo, esta corriente literaria marcará un antes y después de muchas de las prácticas artísticas digitales. En opinión de Pilar Colás, el planteamiento feminista irá más allá de la mera crítica a la forma tradicional y patriarcal de hacer ciencia y propone nuevas orientaciones para la creación científica. Igualmente, será una gran fuente de inspiración para muchos de las investigadores, empresas y científicos. Además, para el investigador Pau Alsina, muchas prácticas artísticas que se realizan en este momento, se habrían gestado y desarrollado en diferentes contextos, siendo objeto de atención en diferentes momentos por distintos sectores y objetivos, entre ellos el desarrollo científico o tecnológico.

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Por ende, destacamos cómo el paradigma feminista habría realizado importantes contribuciones al estudio e investigación de la ciencia y la tecnología. Especialmente, citamos el trabajo de la pensadora del biopoder contemporáneo Donna Haraway. Esta visionaria,  tras escribir  su “manifesto cyborg”, se convertirá a nivel mundial en una de las teóricas más influyentes en el ámbito académico y una de las pioneras en pensar las cuestiones de la identidad humana modificada irreversiblemente por las nuevas tecnologías. Las teorías de Haraway afectarán a una gran cantidad de temas, situándose en el mismo centro de los debates feministas contemporáneos, y favoreciendo el crecimiento de ciberfemisimos. Según Valeria Cotaimich:

Los sujetos han incorporado a su vida cotidiana una diversidad de aparatos protésicos que se han vuelto imprescindibles: teléfonos móviles, ordenadores portátiles, miniordenadores, palm pilot, mp3, iPod, iPhone, reproductores de CD y DVD, cámaras de fotografía y filmación digitales, etc. dispositivos por doquier que crean realidades intangibles. Emails, blogs, Facebook, Myspace, YouTube, Skype, Google, compras y pagos de cuentas online, mensajes de texto general otras formas de comunicación y otra clase de vínculos.

En todo caso, este imaginario que surge de las conexiones entre el arte, la ciencia y las nuevas tecnologías, inspirará enormemente a toda una generación de artistas. Igualmente, derivará en una estética y pensamiento común que inspirará, a partir de los años 80 y los años 90, el trabajo de pioneros en el campo de la tecnología vestible y el diseño de interacción, afectando, en consecuencia al campo de los e-textiles, cuya historia es el objeto de este estudio. Por ello, analizaremos sus efectos con más detenimiento en el segundo capítulo.