Desde la perspectiva que se toma en este estudio, entendemos que, a través de la historia, la introducción de una nueva tecnología aplicada a la producción artística siempre ha derivado en un cambio de paradigma. Este giro, por lo general, ha resultado ser más o menos pronunciado en referencia a la distancia que esta nueva tecnología mantuviera en relación con su antecesora. Ahora bien, de acuerdo con nuestra experiencia, el concepto de arte ha variado considerablemente según la época, y ha sido motivo de muchos estudios y polémicas debido a la evolución que ha tenido a lo largo de la historia. Para el teórico Peter Burger, en la relación entre arte y tecnología nos encontramos con las discusiones más interesantes acerca de cómo un dispositivo tecnológico cuestiona la producción artística primero, y luego a toda la institución del Arte.  Por su parte, el teórico Edward Shake opina que esto se produce por su naturaleza práctica y teórica, pues el arte que utilizan los nuevos medios suele negarse a adoptar los lenguajes formales y soportes materiales propios del arte contemporáneo mayoritario.

En cualquier caso, en el año 1970 cuando Adorno escribió la “Teoría estética” ya afirmaba que el arte es el reflejo de las tendencias culturales de una sociedad aunque, según él, no siendo un claro reflejo de ésta, sino una representación, algo irreal, el arte como negación de las cosas. Al respecto, nosotros defenderemos en este estudio cómo los valores estéticos y artísticos no son algo absoluto, sino que siempre están estrechamente vinculados a la situación histórico-social en la que surgen. Es por ello que lo que nos interesa señalar a continuación no es tanto un debate formal sobre las posibles transformaciones en el arte ligado a la introducción de tecnologías digitales y los nuevos medios o sus categorías. Sin embargo, sí nos interesa exponer el impacto de los nuevos medios tecnológicos, así como sus posibles retos y oportunidades en las prácticas artísticas contemporáneas, el contexto de la cultura digital.

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No obstante, antes de introducirnos en la temática, realizaremos algunas aclaraciones acerca de este grado de novedad. Durante siglos el objeto del arte fueron la pintura y la escultura. Ya a mediados del s.XIX, la llegada de la segunda fase de la Revolución Industrial abrió la posibilidad de utilizar dispositivos y elementos tecnológicos. En poco tiempo, la invención y el desarrollo de la fotografía, supuso uno de los mayores logros técnicos y culturales del siglo, cambiado por completo la naturaleza de la representación. Después de muchas controversias, en el s.XX  la fotografía, el cine y el vídeo se incorporaron al campo del arte como nuevos medios y, tras éstos, llegaría el ordenador e Internet; abriendo el camino hacia tipologías artísticas más complejas y ambiguas.

Sin embargo, a partir de  los años 70, el advenimiento de la modernidad y la aparición de nuevas tendencias, coincidirían con el desarrollo de los nuevos medios de comunicación de masas. Al respecto, Walter Benjamin ya había reflexionado acerca de cómo el arte producido para las masas genera nuevas formas de relación entre los individuos. Para la catedrática de Historia del arte Anna Maria Guasch, una de las características de estos años es observar cómo los artistas cada vez estarán más dispuestos a abordar y ejecutar planteamientos de corte social, llevando la obra a una audiencia más amplia. En esta época, la disponibilidad de adquirir equipos audiovisuales relativamente asequibles como el vídeo, captará la atención de innumerables artistas, que comenzarán a utilizar estos medios con fines artísticos, como es el género del videoarte. Como apunta Baudrillard:

Hoy en día en ninguna dramaturgia del cuerpo, en ninguna performance puede faltar una pantalla de control; no para verse o reflejarse con la distancia y la magia del espejo, sino como refracción instantánea y sin profundidad. En todas partes el vídeo no sirve más que pare esto: pantalla de refracción estática que ya no tiene nada de la imagen, de la escena o de la teatralidad tradicional, que no se utiliza de ninguna manera para interpretar o contemplarse, pero que empieza a ser útil por doquier- a un grupo, a una acción, a un acontecimiento, a un placer – a estar insertados sobre sí mismos .

Tal y como argumentaremos más adelante, a finales de los 80 la asequibilidad de los ordenadores personales traerá consigo un florecimiento del arte informático, surgiendo una primera generación de artistas que crea arte utilizando como herramienta el ordenador. El arte a través del ordenador tendrá como característica su inmaterialidad. Tal y como afirma Margot Lovejoy citando a Paul Valery:

En todas las artes existe un componente físico que ya no puede ser considerado o tratado como antes, que no puede permanecer intacto por nuestro conocimiento y fuerza.Tenemos que esperar grandes innovaciones capaces de transformar las técnicas de las artes, y afectar la invención del arte misma y tal vez cambiar nuestra noción del arte por completo.

Para José Ramón Alcalá, se comenzará a hablar del paso de lo analógico a lo digital en el arte. Como este autor argumenta, tras la aparición del ordenador empezará a surgir cada vez con más intensidad un arte propiamente tecnológico, producido directamente en este soporte, que se denominará “arte electrónico”. Desde entonces, y de un modo general, se utilizará el término arte de los nuevos medios para referirse a proyectos que se valen de las tecnologías de los medios de comunicación emergentes y exploran las posibilidades culturales, políticas o estéticas de tales herramientas. Sin embargo, para una buena interpretación de este estudio, es importante aclarar que ya en las vanguardias artísticas del futurismo, el dadaísmo o el constructivismo nos encontraremos con las raíces conceptuales y estéticas del arte de los nuevos medios.

Para el teórico Lyotard, como consecuencia del fin de la modernidad, la posmodernidad se constituirá un nuevo momento histórico caracterizado por lo diferente y lo heterogéneo, donde tanto el arte como el pensamiento comparten un carácter anticipatorio. En poco tiempo, muchas de las obras de arte que nos encontraremos se caracterizarán por su carácter multimedia. Al respecto, Joan Foncuberta explica:

A lo largo de la historia el hombre ha ideado tres artilugios como formas de control del tiempo: el reloj, la cámara fotográfica y la máquina del tiempo. El reloj puntea e imprime una medida al transcurso de las horas y los minutos. La cámara fotográfica detiene el tiempo y congela el movimiento. Y la máquina del tiempo, según la fabulación de H. G. Wells nos permite viajar hasta donde queramos del pasado o del futuro.

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Ya  en la década de los años 90,  la tecnología digital se hará aun más accesible.  Tal  y como veremos más adelante, los primeros navegadores e Internet canalizarán el nacimiento del arte de los nuevos medios como un movimiento que se incorpora al ámbito de las artes visuales. Bajo nuestra experiencia, esta situación representará no solo nuevos planteamientos, sino también nuevas estéticas y procesos artísticos. En opinión de Claire Bishop:

Si lo digital significa algo para el arte visual, es la necesidad de evaluar esta orientación y cuestionar las asunciones más atesoradas del arte. Desde la perspectiva más utópica, la revolución digital abre una nueva realidad de cultura colectiva inmaterial, sin autor e imposible de introducir al mercado; desde la peor perspectiva, señala la obsolescencia inminente del propio arte visual.

A partir de este momento, para intentar definir categorías se tendrá que hacer una distinción, entre el trabajo artístico creado usando medios digitales y los trabajos que requieren la tecnología digital con el fin de ser presentados. Uno de los rasgos que apoyan esta idea, es que surgirán una serie de debates que van desde qué entendemos por arte de los nuevos medios hasta cómo conservar ese arte en los museos. En todo caso, formas de expresión como el net.art, se convertirán en uno de los géneros más característicos del arte de los nuevos medios. Como explica el teórico y artista Brian Mackern:

Entre estos artistas se encontraban, por ejemplo, Alexei Shulgin, Jodi, Olia Lialina, Heath Bunting, Vuk Cosic, etc. Este movimiento se caracterizó por coincidir temporalmente en la exploración de lenguajes y posibilidades de expresión en la red, acompañado por listas de discusión muy fermentales, que ayudaron, a su vez, a formalizar de alguna manera las bases de acción creativa que estos artistas ejercían en Internet y a contextualizar y contenerlas en una suerte de marco referencial.

Otros géneros significativos también son el software art, los videojuegos artísticos, las instalaciones interactivas y la performance. Según Juan Martín Prada:

El interés de una determinada experimentación artística en torno al mundo de la Web 2.0 dependería, a nuestro juicio, primordialmente de su capacidad para evocar, en el interior de la singularidad de esa producción concreta que es la obra artística, no sólo lo abstracto de la vida de un espacio global sino, sobre todo, las tensiones de renovación y transformación, de crítica, de goce, de más libertad y de más singularidad que son inherentes a la multitud en línea.

En opinión de Jose Luis  Brea, pionero de la crítica de arte en la red:

Cada forma artística pertenece -por tanto- a un mundo, a un momento tensional del espíritu. Puede entonces darse una coexistencia de varias formas artísticas que expresen adecuadamente un mundo – pero resulta inadecuado pensar que toda forma artística posea la potencia de expresar en toda su complejidad a un momento cualquiera del espíritu. Sólo aquella -o aquellas- que por contraste desocultan las articulaciones de la forma dominante de su darse en un tiempo poseen la capacidad de no sólo expresar el “abigarramiento” de la totalidad de las relaciones de cada parte al todo (el “código” de la época, el ordenamiento de su universo simbólico), sino también la de entregarse al silencio que su insuficiencia abre. Instalada en él, la forma artística -que es genuinamente de su tiempo- permite atisbar en un tiempo inmediato y no determinado, de cuya anticipación ella se hace no sólo profecía – sino también poesía, auténtico principio de producción, anticipación. Es esto lo que un pensamiento -no técnico- de lo técnico, como poiesis, como principio genuiamente productivo, significa.

Hay que agregar que, todos estos géneros característicos del arte de los nuevos medios poseerán un denominador común, que es la interactividad. Podemos decir, que esta situación comportará una renovación del propio concepto de arte actual, asentando el camino para una “estética digital” que hará eco en las reflexiones de teóricos contemporáneos como la experta Claudia Giannetti. Para esta autora, a partir de 1995 se comenzará a mostrar un gran interés por el arte de los nuevos medios y  la red se mostrará cada vez con más claridad cómo una herramienta artística accesible para explorar la relación cambiante entre tecnología y cultura. De hecho, en su opinión esta situación brindará a los artistas nuevas oportunidades a la hora de experimentar y de ampliar sus capacidades estéticas y discursivas. Al respecto, el teórico Pau Alsina explica:

El Arte interactivo consiste pues en una forma de creación artística contemporánea que utiliza las tecnologías electrónicas y o digitales interactivas. Se centra en las interfaces como campo de trabajo donde establecer relaciones dialógicas entre el público y la obra o sistema.

Además, nos toparemos con que algunos artistas abandonarán los medios tradicionales de representación y harán uso de la tecnología para hablarnos de una nueva construcción del cuerpo, de la identidad y del sujeto. Asimismo, se producirá un desarrollo de ciertos productos y fenómenos digitales ligados a la cultura del entretenimiento tales como los videojuegos o las comunidades en la red. En opinión de Andrew Darley:

(…) En efecto, solo el juego de ordenador o videojuego emerge directamente  de o con la nueva tecnología. No obstante, sería un gran error atribuir la naturaleza propia del genero únicamente a las técnicas digitales, ya que también le debe mucho a formas culturales anteriores y adyacentes (los juegos tradicionales, las películas de animación, el cine, ciertas modalidades de narrativa literaria, etc.).

En este contexto, el teórico Lev Manovich, en su libro The Language of New Media recogerá diferentes teorías como el estructuralismo y el post-estructuralismo aplicado a la cibernética o las ciencias sociales, planteándonos una revisión de la evolución de los nuevos medios a partir de su relación con viejas formas de expresión. En base a este emergente marco teórico, en su trabajo “Soft Cinema: Navigating the Database” nos explica cómo la digitalización de la cultura no sólo habría derivado en la  aparición o creación  de nuevas formas culturales, sino que también habría redefinido las que ya existían, como la fotografía y el cine. Para Manovich:

La evolución de los nuevos medios habría afectado a todos los aspectos de la comunicación, incluyendo la adquisición, manipulación, almacenamiento, y distribución. Pero también, como situación afecta a todo tipo de medios como textos, imágenes, sonido, etc.

En poco tiempo, como explica el historiador Edward Shanken, el arte de los nuevos medios se convertirá en una fuerza importante de desarrollo cultural y económico, comenzando a contar con el apoyo institucional y a crear sus propias instituciones como el ZKM, Ars Electrónica Center o Eyebeam en Nueva York. Nos toparemos frente a un nuevo perfil de artista que requiere del dominio de ciertos dispositivos tecnológicos o, en su defecto, del trabajo en equipos interdisciplinarios con profesionales provenientes de esas áreas.

Esta situación dificultará las posibles definiciones de las obras de arte que se relacionan con la tecnología. Principalmente por la cantidad de definiciones y subcategorías que corresponden a las variables tecnológicas. Como apunta el teórico Andrew Donovan, “arte interactivo”, “arte multimedia” o “arte electrónico” en términos generales, son solo algunos de los calificativos que han resultado de la gran cantidad de definiciones y subcategorías artísticas que se han propuesto. Por su parte, los teóricos Mark Tribe y Reena Janae argumentan:

El arte de los nuevos medios se localiza entre dos categorías más generales: por un lado, entre el arte y la tecnología y por el otro lado en el arte mediático. La categoría de arte y tecnología se refiere a prácticas como el arte electrónico, el arte robótico y el bio-arte, que necesita tecnologías que son nuevas, pero no necesariamente relacionadas con los medios de comunicación. El arte mediático incluye el videoarte y el film experimental, formas de arte que incorporan medios tecnológicos, pero que ya a partir de los años 90 dejaron de considerarse como nuevos. Al arte de los nuevos medios se encuentra justo en esta intersección de los dos dominios.

Finalmente indicar, que debido a la enorme variedad de trabajo artístico realizado en este campo resulta difícil exponer la totalidad de los artistas. No obstante, para el objeto de este estudio, no se busca tanto crear una categorización o definición del arte de los nuevos medios basada en las tecnologías utilizadas y sus artistas, sino más bien, mostrar algunos de los campos de acción más destacados para ofrecer una panorámica del arte de los nuevos medios. Especialmente, para ir perfilando, en próximos capítulos, conexiones con las prácticas artísticas vinculadas al campo de los e-textiles, así como, sus posibles retos y consecuencias dentro del contexto educativo en el marco de la cultura digital.