Las tendencias contraculturas, como las sociedades, están siempre en constante movimiento. De hecho, a cada periodo histórico le corresponden distintas prácticas y ensayos de lucha. No obstante, a lo largo de la historia, estas manifestaciones contraculturales suelen pasarse por alto, debido al grado de subjetividad que una aproximación a estos movimientos supone. En nuestro estudio, consideramos oportuno acercarnos a estas tendencias. Especialmente porque, bajo nuestro entendimiento, nos obligarán a reformular constantemente el sentido del uso de las tecnologías, tanto en nuestra vida cotidiana como en el arte o en la educación.

Ahora bien, antes de introducirnos en la temática, nos gustaría señalar cómo el concepto contracultura surge en los años 60, fundamentalmente en la Costa Este de los Estados Unidos, como herencia del movimiento hippie. En esa época, estos movimientos actuaron como núcleos ideológicos a los cuales algunos artistas, activistas, escritores o científicos tenían acceso por diferentes intereses, marcando profundamente esta presencia muchos conceptos germinales de la cultura occidental. En este sentido, el movimiento hippie marcará profundamente la forma actual en la que percibimos nuestro entorno, teniendo un gran impacto en la manera en la que vivimos actualmente. Desde entonces, este neologismo se usará indiferentemente para definir expresiones culturales alternativas a un sistema y para referirse a movimientos organizados cuya acción influye a las masas y persiste durante un tiempo considerable.

En relación a nuestro estudio, a partir de los años 70 y  años 80, en opinión de Jorge Portilla nos toparemos con ciertas prácticas y movimientos contraculturales que, desde una perspectiva anticapitalista, estarán ligados a una voluntad de apropiarse de los dispositivos tecnológicos. Al respecto, Fred Turner explica que al igual que el movimiento hippie se entiende como el concepto clave para entender a una generación con un descontento hacia la figura parental y de la sociedad, la evolución de una contracultura tecnológica será también clave para entender los descontentos de una cultura capitalista y digital. En todo caso, en opinión Steve Levy, nos tendríamos que remontar hasta los años 50 para encontrar las raíces de esta situación propia de la cultura digital. Para este teórico, durante este periodo, algunos de las personas que trabajaban en el Laboratorio de Inteligencia Artificial, ya contemplaban una dimensión de la tecnología en la que se facilitara el acceso de todos y se compartiera el conocimiento. Estos estudiantes del MIT, formaban parte del Tech Model Railroad Club que se dividía en varios grupos donde se unían el arte y la ciencia a partir del modelaje de trenes, y todos se autoproclamaban “hackers”.

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Ya a  finales de los años 80, se producirá un hecho que marcará profundamente estos  primeros movimientos contraculturales. En el año 1983, según el teórico Carlos Grandín también en el MIT, el hacker y activista Richard Stallman, comienza a desarrollar un sistema operativo de código abierto e iniciar la Licencia Pública General de GNU. En este momento, Stallman entendía que, si un programa no es libre controlaba a sus usuarios, y el programador controla el programa, con lo cual, el programa resulta ser un instrumento de poder injusto. Tal y como apunta este hacker:

A nuestro software no lo llamábamos “software libre”, porque ese término aún no existía, pero es exactamente lo que era. Cuando gente de otra universidad o una empresa querían un programa para hacerlo compatible y utilizarlo, se lo prestábamos con mucho gusto. Si veías a alguien usar un programa desconocido que te interesaba, siempre podías pedir que te dejaran ver el código fuente para así poder leerlo, cambiarlo o desmontarlo para crear un nuevo programa.

En opinión del filósofo Jorge Portilla, a partir de este momento personas de todo el mundo harán suya la idea, y surgirá así un movimiento contracultural ligado a una nueva manera de entender la tecnología. De hecho, Stallman se convertirá en el pionero en dar apoyo al software libre como arma política. Especialmente, el proyecto GNU representará un elemento que marcará estas primeras prácticas contraculturales a favor de la liberación de la información y del conocimiento. Como indica Eric Raymond, este proyecto se completará en el año 1991 con la liberación del núcleo de Linux, y explica:

La comunidad Linux se asemejaba más a un bullicioso bazar de Babel, colmado de individuos con propósitos y enfoques dispares (fielmente representados por los  repositorios de archivos de Linux, que pueden aceptar aportaciones de quien sea), de donde surgiría un sistema estable y coherente únicamente a partir de una serie de artilugios.

Ya en el año 1993, comenzará  a desarrollarse el proyecto Debian, un sistema operativo y una distribución de software libre conocido también como “El sistema operativo universal”. Como indica en su sitio web:

Los desarrolladores Debian están involucrados en una gran variedad de tareas, incluyendo la administración del Web y FTP, diseño gráfico, análisis legal de licencias de software, escribir documentación y, por supuesto, mantener paquetes de software.

Podemos decir que de manera gradual se irá conformando una sólida comunidad de hackers que, inspirada por Stallman, defenderá la apertura de los sistemas para su libre modificación, ya sea físico o virtual. Especialmente en sus prácticas, se referirán a la acción de buscar y explorar los límites de un código, constituyendo una novedosa forma de producción y una nueva ecología social. Estos hackers, reclamarán recuperar valores como el conocimiento, el contraponer tecnológico y la filosofía DIY. Según McKenzie Wark:

Lo virtual es el verdadero dominio del hacker. A partir de lo virtual el hacker produce expresiones siempre nuevas de lo real (…) Hackear es liberar la virtualidad en lo real, expresar la diferencia de lo verdadero […] Al abstraer de la naturaleza, el hackeo produce la posibilidad de otra naturaleza, de una segunda naturaleza, una tercera naturaleza, naturalezas hasta el infinito, doblándolas y redoblándolas.

Para Carlos Molina Velázquez, estos hackers se sentirán especialmente identificados con  la literatura del ciberpunk y la figura del ciborg. Además, con el objetivo de propiciar un cambio social se reunirán en espacios asamblearios, autónomos y autogestionados como los hackmeetings, hacklabs o hackerspaces. Como explicaremos más adelante, estos laboratorios tendrán un rol central para extender el conflicto político al dominio tecnológico y llevar los movimientos sociales al uso de las tecnologías libres. Así, por ejemplo, los hacklabs se conocerán como espacios de acción en el trabajo en los que personas con intereses comunes en la tecnología se encuentran con el fin de colaborar en sus proyectos.

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Dentro de este marco de pensamiento, se comenzará a hablar de una ética común. Para que esto suceda, destacamos la popularización del libro “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información” escrito por el finlandés Pekka Himanen. En este libro, este autor describe al detalle cómo para los hackers la pasión y el entusiasmo son las bases para la realización de toda actividad. Para ello, argumenta que este comportamiento se trata de una filosofía que está íntimamente ligada a la lógica misma de la computación. Igualmente, indica cómo esta actitud hace frente a la moral ética protestante en la que Max Weber vio los orígenes del capitalismo.

Hay que agregar que, muchas de las intenciones nacidas del mundo del software libre y de la tradición de las comunidades científicas que acabamos de describir, se expandirán con el tiempo hacia otras esferas. Particularmente, hacia esferas mucho más políticas, surgiendo un movimiento diferente al software libre, que hoy conocemos como el “código abierto”. En relación a esta situación, tras el cambio de milenio se sentarán las bases de lo que Lawrence Lessig ha denominado como “la cultura libre”. Un nuevo paradigma que en poco tiempo supondrá la apertura de la distribución digital de bienes culturales. A partir de aquí, asistiremos a la redefinición de un nuevo espacio. Podemos señalar  que comenzarán a surgir nuevos conceptos como la filosofía copyleft, creative commons, la distribución digital P2P o el procomún. También, aparecerán proyectos propios de la cultura libre como FLOSS Manuals .

Por otra parte, nos encontraremos con un grupo de personas que  también comenzarán a defender el hardware del ordenador como herramienta libre y abierta. Así, ya sentadas las bases de lo que actualmente conocemos como la cultura libre, surgirá el hardware libre inspirado por el éxito del software libre bajo esta definición:

El Hardware de Fuentes Abiertas (OSHW en inglés) es aquel hardware cuyo diseño se hace disponible públicamente para que cualquier persona lo pueda estudiar, modificar, distribuir, materializar y vender, tanto el original como otros objetos basados en ese diseño.

Como explicaremos a continuación, la aparición del hardware libre traerá consigo nuevos paradigmas. Al igual que ocurrió con el software libre, este movimiento será muy beneficioso para el desarrollo del arte de los nuevos medios. De hecho, sin menospreciar la importancia que ha tenido el software libre, la apropiación de los dispositivos electrónicos bajo la figura del hardware libre provocará en los siguientes años un gran impacto. Esta situación la explicaremos con más detenimiento en el segundo capítulo, puesto que también afectará al campo de los e-textiles, cuya historia es objeto de estudio en esta Tesis.