Tras el cambio de milenio, nos toparemos con que comienzan a proliferar alrededor del mundo diversos espacios que comparten el término genérico de makerspaces u otras denominaciones alrededor de las tecnologías de autoproducción. Estos espacios físicos, que estarán enfocados a la colaboración abierta, se convertirán en poco tiempo en lugares de encuentro para el intercambio de ideas y la producción de todo tipo de prácticas. Todo esto gracias a la expansión global del fenómeno maker y al desarrollo de las tecnologías aditivas y de control numérico. Para Dale Dougherty:

Me gustaría ver cómo los makerspaces llegan a nuevas audiencias — no es solo una cosa para “hombres” o “frikis”. Necesitamos más mujeres y personas de diversas culturas y religiones que también participen. No debemos limitarnos a estar abiertos y recibir a nuevas personas, también tenemos que exportar lo que sucede en un makerspace a otros lugares como las bibliotecas, las escuelas o los museos. Todos somos creadores de estos espacios, y estos espacios son los makers de los makers.

Desde un punto de vista investigacional, todos estos espacios tendrán sus raíces en los hackerspaces y los hacklabs. Como ya se ha citado previamente, estos espacios surgieron durante los años 80 y los años 90 en la Europa central y mediterránea para cubrir las necesidades de comunidad y de expresión creativa. Podríamos decir que, en sus inicios, se trataba de pequeños locales comerciales, comunas, garajes o lofts de baja renta, equipados con material tecnológico y con conexión a Internet. Estos laboratorios de experimentación con tecnología libre solían ser frecuentados por artistas y personas provenientes de diferentes disciplinas que se encontraban en sus ratos libres para crear proyectos de arte digital, “hackear” aparatos electrónicos, programar, jugar con videoconsolas o simplemente socializar, estableciéndose una colaboración interdisciplinaria y transversal. Con el devenir de los años, según relata el libro Hackerspaces: The beginning estos espacios comenzarán a proliferar en otras ciudades de Europa, apareciendo en los años 90 los primeros laboratorios hackers en los Estados Unidos. A partir de aquí, se producirá un movimiento global, comenzando a hacerse más visibles también otro tipo de espacios vinculados a este modelo, como por ejemplo los biohacklabs.

En esta línea, pero ya bajo la influencia del movimiento maker, surgirán nuevos modelos de espacios creativos como son los makerspaces. Esencialmente, estos espacios se podrían catalogar como espacios físicos donde las personas se reúnen para compartir recursos y conocimientos, trabajar en proyectos, hacer networking y construir cosas. Generalmente, estarán dotados con recursos y equipamiento  como cortadoras láser o impresoras 3D para el diseño y la fabricación de objetos de distinta naturaleza. Tal vez por ello, entendemos que estos espacios se asocian a menudo con campos como la ingeniería, ciencias de la computación, y el diseño de interacción o gráfico.

Al igual que sucedió con los hackerspaces, en estos espacios también se colabora con otras personas y se motiva el aprendizaje movido por la pasión y la imaginación. Muchos de los makers que se acercarán a estos espacios, tendrán como objetivo buscar y recuperar entornos de trabajo ajenos a la producción académica. Es por ello, que en estos espacios será habitual poder participar en actividades formativas de educación no formal. Así, por ejemplo, se ofrecerán talleres para aprender a soldar, crear robots DIY o actividades que te inician al campo de los e-textiles, entre otras. Para las teóricas norteamericanas Erica Rosenfeld Halverson y Kimberly Sheridan:

Muchos makerspaces se parecen a los estudios de los artistas, donde los participantes trabajan de forma independiente o en colaboración utilizando materiales con los que diseñan y hacen. Desde esta perspectiva, podríamos indicar que en los makerspaces, la innovación abierta apelará a la inteligencia colectiva para ampliar el potencial creativo. De hecho, muchos de estos se caracterizarán por compartir una espacio de trabajo, encontrándonos algunos makerspaces alojados dentro de los colegios, universidades o bibliotecas.

Desde esta perspectiva, podríamos indicar que en los makerspaces, la innovación abierta apelará a la inteligencia colectiva para ampliar el potencial creativo. De hecho, muchos de estos se caracterizarán por compartir una espacio de trabajo, encontrándonos algunos makerspaces alojados dentro de los colegios, universidades o bibliotecas. En opinión de la periodista Hélen Andersson:

Tiene que ver con el aprendizaje. Veo los makerspaces como un paso más en la tradición de educar a la gente que las bibliotecas públicas han hecho desde el s. XIX. Pero ahora no sólo tenemos que transmitir los conocimientos que se encuentran en los libros o en la Red. Ahora, además, creamos conocimiento.

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Según la profesora norteamericana Laura Fleming:

La educación maker fomenta la curiosidad, el tinkering,  y el aprendizaje iterativo, lo que favorece a tener un mejor pensamiento a través de un mejor cuestionamiento.Creo firmemente que este ambiente de aprendizaje fomenta el entusiasmo por aprender, la confianza del estudiante y la colaboración. En definitiva, el resultado de la educación maker y la educación en los makerspaces conduce a la determinación, y a la resolución de problemas independientes y creativos, y a una auténtica preparación para el mundo real mediante la simulación de los desafíos del mundo que nos rodea.

Siguiendo la línea de pensamiento de los makerspaces, también destacamos la red de laboratorios de los Fab Labs. Estos espacios, a diferencia de los makerspaces, tienen sus orígenes en el MIT Center for Bits and Atoms, en el curso How to Make (Almost) Anything. Según Neil Gershenfeld, creador de este concepto de espacio:

Un Fab Lab es una colección de máquinas y componentes comercialmente disponibles relacionados mediante software y procesos desarrollados para fabricar cosas. Los primeros Fab Labs tienen una cortadora láser controlada por ordenador para construir estructuras tridimensionales a partir de piezas planas, una fresadora de control numérico para fabricar muebles y elementos arquitectónicos de escala doméstica, un plotter de corte [signcutter] para producir plantillas, circuitos flexibles y antenas, una fresadora de precisión [con resolución de micrones] para hacer moldes tridimensionales y placas electrónicas rígidas, y herramientas de programación para diseñar circuitos integrados de bajo coste y alta velocidad. Ésta no es una configuración estática, la intención con el paso del tiempo es reemplazar los componentes del Fab Lab por componentes hechos en el propio Fab Lab hasta que finalmente los laboratorios mismos sean autorreplicables.

A partir del año 2002, esta red de laboratorios se extiende y se populariza en todo el mundo bajo el impulso de la Fab Foundation. Además del modelo Fab labs, existe una variante más comercial de espacios denominada Techshops. En todo caso, igual que los makerspaces, los Fab Labs también darán soporte a comunidades educativas. De hecho, estos laboratorios se pueden encontrar integrados en museos, centros culturales, universidades o escuelas de ingeniería, arquitectura o de diseño. Otro aspecto muy importante es que pueden estar vinculados a ambientes empresariales e incluso algunos funcionan de forma independiente sin relación directa con ninguna otra institución. Tal y como indica César García Sáez:

FabLabs, Makerspaces, Techshops y Hackerspaces aportan diferentes sabores  y facilidades, aunque por lo general todos ofrecen un espacio común, equipado con numerosas máquinas. Estas máquinas trabajan controladas por el ordenador, para convertir nuestros diseños en la pantalla en objetos tridimensionales.

Por último, destacamos también el modelo de laboratorio ciudadano. Los laboratorios de innovación abiertos a la ciudadanía, igualmente darán soporte a comunidades educativas y estarán alojados en centros públicos. Según Lafuente, en estos espacios se priorizan procesos colaborativos e investigativos como una forma de práctica cultural-artística válida por sí misma, pero también pueden tener otros fines, son laboratorios de cultura, sala de actividades o “taller de prototipado”.  Para Ramón Sangüesa:

En general, podríamos decir que el laboratorio ciudadano es un organismo en el que se desarrollan actividades de aprendizaje por parte de los ciudadanos, centrados en los aspectos propios de la tecnocultura. El aprendizaje, sin embargo, es práctico y da como resultado productos y nuevo conocimiento en consonancia con la práctica de diseño de la tecnocultura.

Por su parte Juan Freire indica:

Los laboratorios ciudadanos que constituyen la evolución de los espacios públicos institucionales dedicados al consumo cultural y otros enfocados a la producción ciudadana. Espacios donde ocurre la producción colaborativa entre diferentes públicos, y que normalmente conlleva la transdisciplinariedad y la participación activa de amateurs y profesionales en el desarrollo de proyectos que generan nuevo conocimiento. Estos laboratorios son diversos en sus orígenes dado que, en ocasiones, suponen la evolución de centros cívicos y culturales, en otras son espacios de coworking, o incluso las tradicionales bibliotecas que desarrollan nuevos programas para dar servicio a sus usuarios. Pero son también diversos porque son creados y gestionados tanto por instituciones públicas, como por empresas o diferentes tipos de organizaciones ciudadanas.

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En los últimos años, el número de estos espacios de creación e innovacion no ha parado de crecer por todo el mundo. Particularmente, después de que algunos países hubieran visto en este modelo no solo una oportunidad para impulsar la economía del país, sino también una vía de modernización de su sistema educativo y social. Un síntoma que, bajo nuestro criterio, no será más que un reflejo de un nuevo paradigma de conocimiento, complejo y cambiante, que ha llevado a muchas personas a poner en cuestión un sistema educativo basado en la separación histórica entre ciencias y humanidades. Una situación que consideramos resultará ser muy beneficiosa para nuestro objeto de estudio. Entre otros motivos, porque de manera habitual en estos espacios participarán diferentes artistas, diseñadores o investigadores vinculados a la apertura y desarrollo del campo de investigación de los e-textiles (*) . Además, porque como vendríamos argumentando, estos espacios para la innovación digital estarían siendo adoptados por las artes.

(*) La autora de este estudio entre el 2014 y el 2015 fue la responsable de coordinar el grupo Nuevos Artesanos en el Laboratorio Ciudadano Hirikilabs perteneciente al centro de cultura contemporánea Tabakalera de la ciudad de Donostia. Durante este periodo, y con el objetivo de impulsar una comunidad local activa de makers y hackers vinculada al laboratorio ciudadano idea y coordina el formato de presentaciones “How To Make” https://www.tabakalera.eu/es/how-to-make